Enrique Ortiz de Landázuri Izarduy, conocido como Enrique Bunbury, es un músico español, nacido el 11 de agosto de 1967 en Zaragoza Aragón, fue vocalista de la legendaria banda Héroes del Silencio y actualmente en su carrera como solista una figura internacional en el ámbito musical latinoamericano.

Enrique Bunbury, en contra del viento En un mundo en el que el riesgo se penaliza de muerte, que alguien como Enrique Bunbury haya alcanzado un éxito masivo resulta casi milagroso. A lo largo de una carrera que comenzó en 1979, cuando se compró su primera guitarra eléctrica para tocar en un grupo de su colegio llamado Apocalipsis, Enrique Bunbury ha ido dando pasos que alguien que no hable el lenguaje del arte jamás podría entender. La frase que probablemente este aragonés del 67 ha oído más veces ha sido: ¿y qué necesidad tienes? Pero eso es como si alguien le preguntara a Admunsen, cuando salía hacia el Polo Sur, si realmente era necesario pasar ese frío, con lo bien que se está en casa. Necesidad. Esa es posiblemente la clave. La disolución de Héroes del Silencio, ese grupo que surgió en 1984, después de que Enrique hubiera militado en otras bandas de iniciación como Zumo de Vidrio o Proceso Entrópico, sucedió en el momento de mayor éxito de la banda. Era 1996 y habían alcanzado metas que ningún grupo de rock español había logrado anteriormente (y, hasta el momento, nadie ha vuelto a conseguir). Además del triunfo incondicional en España, un éxito internacional auténtico (con fans esperando en la puerta del hotel y portadas de periódicos) en países como Italia y Alemania, además de toda Latinoamérica y el ámbito latino de Estados Unidos. Pero Bunbury necesitaba cambiar, explorar territorios musicales que con el peso de Héroes no podía escalar. El primer salto mortal llegó en 1997 con “Radical Sonora”, su álbum de debut en solitario, en el que la mano de Phil Manzanera le ayudó a sobrellevar el vértigo. Una exploración por la música electrónica, por la psicodelia más ácida y sonidos orientales que, desde luego, era un cambio radical, incomprendido por algunos que, con el tiempo, acabarían por darle la razón. Con este disco y su gira posterior, Bunbury desveló algunos de esos gustos que llevaban tiempo agazapados, escondidos por la gran maquinaria de Héroes del Silencio y que devendrían en sus discos posteriores. En esa gira, por una parte, ya dio señas de su pasión por la vida del nómada y por rodearse de algunas de las ‘rara avis’ de la música su país, artistas minoritarios a los que daba la oportunidad de acercarse a un gran público y, por otra parte, en el caso de Radical Tour (después pasaría con Freak Show), definían las coordenadas de un mapa en el que después Bunbury se adentraría de lleno. La electrónica de Big Toxic, el post-rock/krautrock indie de Manta Ray, la psicodelia de IPD, el pop lounge y latino de Esterocéano… El siguiente paso, no menos arriesgado, fue “Pequeño”. Muchos pensaron que “Radical Sonora” había sido una cana al aire, un desahogo, pero que, después, una vez desfogado, volvería a hacer lo que el público de Héroes (y la industria discográfica) esperaban. Pero no, los criterios artísticos, la Necesidad, se impusieron. Y salió “Pequeño”, en 1999, un disco en el que se empezaba a intuir ese aire de cabaret que este showman por excelencia siempre llevó dentro y un sonido más cálido, más mediterráneo, sin dejar a un lado el Pacífico. Con este trabajo consiguió reconciliarse con parte de su público, que empezaba a entender que Héroes eran el pasado y que tenían que aprender a querer a Bunbury tal y como era. Pero además, consiguió que una audiencia que no compartía los postulados de su grupo anterior empezara a fijarse en un artista renovado, con una capacidad innata para crear himnos, como “Viento a Favor”. El cambio no era sólo musical. Las letras, que siempre habían sido una parte esencial en la creación de Bunbury, se iban transformando. Las referencias digamos más iniciáticas, más oscuras, a Blake o a los simbolistas, que estaban presentes en su etapa anterior, aquí se volvían más claras, más maduras. Pasaba de la escritura críptica, de libre interpretación, a la sencillez, la narración. Algo que se haría especialmente patente en su siguiente cd, “Flamingos” (2002), al que llegó después de publicar un álbum en directo de su gira, “Pequeño Cabaret Ambulante”, y con una nominación a los Grammys latinos por “El extranjero”, como “mejor interpretación pop masculina”. La nitidez en las letras, la introspección definitiva, el striptease lírico llegó con “Flamingos”. La historia del desengaño (no sólo amoroso) y de la resurrección. Un disco en el que se rodeó de algunos de sus amigos, como Jaime Urrutia, Quimi Portet, Shuarma (Elefantes), Carlos Ann, Kepa Junkera o Adrià Puntí y en el que experimentó musicalmente hasta el infinito. De la sencillez de “Pequeño”, a la complejidad de cientos de pistas para crear canciones como “Contar conmigo”. 300.000 discos vendidos en España y América, una gira interminable, actuaciones en el Central Park de Nueva York… Bunbury es ya, definitivamente, sin ningún género de dudas, una estrella internacional y eso se nota en su siguiente entrega: “El Viaje a Ninguna parte” (2004). El espíritu del titiritero, del Músico de la Legua está presente en este trabajo, que toma su título de la película en la que Fernando Fernán Gómez refleja la vida de un grupo de comediantes, de pensión en pensión. Aquí, Latinoamérica, un territorio por el que Bunbury había transitado (por trabajo y por placer) durante los últimos años, estaba especialmente presente. En la música, en la temática de las canciones y en las letras. Ese empeño por crear una identidad propia, de un rock en español, estaba presente más que nunca en ese disco. Nicaragua es quizá la fuente de inspiración más evidente, pero ahí están México, Guatemala y, por supuesto, España, aunque sea con referencias no tan obvias. Ese álbum era una especie de preludio de lo que iba a venir después. Lo siguiente fue “Freak Show” (2004). La serie B, el circo añejo, la estética del nómada. El cd y dvd (realizado por José Girl y Javier Alvero y que definiría la estética de Bunbury durante algunos años) es una muestra nítida del sentido del espectáculo de un artista que sabe que el rock and roll es algo más que música. Pero donde de verdad se ven las intenciones de Bunbury es en la gira posterior, donde se rodea, de nuevo, de artistas de culto, como Mercedes Ferrer, Carlos Ann, Nacho Vegas o Adriá Puntí, para recorrer con su carpa toda España y, según sus propias palabras, “recuperar la cercanía con el público, esas sensación de convencer uno a uno”. Su “Rolling Thunder” particular. Ese sería también el año de Bushido, un proyecto junto a Shuarma, Morti y Carlos Ann y el del comienzo de Los Chulis, una banda casi secreta, de amigos, en la que Bunbury saca a la luz su lado más lúdico. El 2005 fue el año, de nuevo, del cambio. Disolución de El Huracán Ambulante (la banda que le había acompañando desde el 97) y cambio de empresa de managament. Bunbury está agotado, en el sentido literal del término, y no está seguro de si volverá a subirse a un escenario. Comienza una etapa de reflexión, colabora con algunos compañeros como Jaime Urrutia o Quique González. With a little help of his friendo, y, después de una temporada de descanso, va retomando el contacto con la música. En esa época, también se publica el libro/disco de Homenaje a Panero donde él, Carlos Ann, Bruno Galindo y José María Ponce recitan y musican la obra del poeta. Y esa afición a la literatura, evidente si atendemos a las letras de Bunbury, también se materializa en “Chorrito de Plata”, la editorial de poesía que funda junto a Antonio Estación, donde publican a autores noveles y a algunos músicos que vuelcan en ella su faceta literaria. Pero la colaboración definitiva llega con Nacho Vegas, con el que graba un disco “El Tiempo de las Cerezas” (2006). Ese es el comienzo del regreso, de volver al escenario (entre otros, el Liceo de Barcelona). En medio, la reunión de Héroes del Silencio. Diez conciertos que sirven para cerrar definitivamente ese capítulo. Y un año después, “Hellville de Luxe” (2008). Un disco de rock en el sentido más clásico del término, donde las guitarras adquieren un protagonismo muy especial y en el que los estilos se entrecruzan, pero siempre mirando a las raíces de rock. Una nueva etapa, en la que le acompaña, por supuesto, Phil Manzanera, y que comienza con una frase que resume mucho más que el estado de ánimo o la situación vital del artista: “Al final, para un hombre de mundo, es muy exótico volver a casa”.

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lunes, 2 de noviembre de 2009

Buenos Aires 31.10.09: "Puro rock 'n' roll para estallar Buenos Aires"



Tras su espectacular concierto el pasado 29 de Octubre en Córdoba, Bunbury aterrizaba en la capital argentina, lugar bastante bien conocido por el artista por haber actuado anteriormente tanto con Héroes del Silencio como en solitario, además de por su pasión por la cultura bonaerense. El lugar elegido era el Estadio Luna Park, donde

se han celebrado algunos de los acontecimientos religiosos, políticos, artísticos, deportivos y sociales más relevantes de los últimos 70 años. Por ejemplo, aquí recibimos al Santo Padre, descubrimos artistas como Sinatra o Pavarotti, disfrutamos del mejor Ballet del mundo, de la Opera y de grandes recitales nacionales e internacionales en los más variados estilos musicales.

Allí comenzaban a llegar los numerosos seguidores como Sergio y Sebastián que desde las 17 horas del día 30 llegaron en el conurbano bonaerense para presencial el tan esperado show.



A las 17 horas del sábado, ya podía escucharse la prueba de sonido. En Buenos Aires llovía torrencialmente, aún así la gente seguía acercándose para la apertura. Por fin, a las 19.30 horas se abrían las puertas.



La espera continuó dentro. Eran las 21.30 y el público cantaba en un gran coro clásico como “Apuesta por el rock ‘n’roll”, haciendo la espera más entretenida hasta las 22 horas que las luces del recinto se apagaron. El público enloquecido gritaba, se movía de lado a lado... Y así, se encendían las dos pantallas de leds, mientras ingresaban los músicos uno a uno. Por último la aparición tan esperada sobre el escenario de Enrique Bunbury vistiendo de negro, con su sombrero y gafas. Comenzaba con “El club de los imposibles”, siguiendo con “La señorita hermafrodita” y “Hay muy poca gente”, donde Enrique se quitó el sombrero, haciendo una reverencia al público y comentando “¡¡Gracias por venir!!. Es un verdadero placer estar con todos ustedes en el Luna Park. Era un sueño para mí tocar en este magnífico lugar. Venimos a tocar rock ‘n’ roll. ¡¡¡Quiero que tiemble el Luna Park!!!". Y así comenzó a sonar “Bujías para el dolor” siguiendo con “Sólo si me perdonas” y “Puta desagradecida”.



Marcaban las 22.37 horas cuando de repente, se apagaron las luces para que Jordi Mena se volviera el protagonista avanzando unos pasos mientras una luz puntual lo ilumina para hacer un solo de guitarra. Al fondo, se mueve un telón rojo y se encendía cinco lámparas colgantes. Bunbury entra en escena vistiendo una camisa negra con rojo y una boa al cuello, y comienza a interpretar “Sácame de aquí”. El público estallaba a coro.



Luego siguió con la presentación de otro de sus músicos, en este caso Jorge Rebenaque “Rebe” al acordeón para comenzar con una versión de “Desmejorado”, completamente dramática y pasional. Ya en la siguiente canción los acordes eran desconocidos, hasta que Bunbury comenzó con las primeras frases de “La herida” de su época con Héroes del Silencio. Todo el estadio Luna Park ponía su fuerza y entonaba junto al cantante esa canción tan esperada. Inmediatamente seguía con su guitarra encima, con los primeros acordes de “Alicia (expulsada al país de las maravillas” para de nuevo dejar la guitarra tras interpretarla. En este momento Jordi Mena y Álvaro Suite (guitarras) pasaban al centro del escenario. Bunbury, unos pasos detrás de ellos, toma el pie del micro y comienza unos movimientos para darse la vuelta y seguir con “Infinito”, recorriendo el escenario de punta a punta. En la última frase de esa canción se recreó alargando la última frase: “Un momento se va... se va… se va... se fue...” y saludando al público.



Nuevamente se apagaban las luces quedando encendidas las dos pantallas de leds que se encontraban ubicadas en la parte trasera del escenario. Y así comienza un montaje audiovisual para dar paso a “El hombre delgado que no flaqueara jamás”. Puro rock & roll y Buenos Aires estallaba!. De hecho, Enrique cambiaba una frase de la canción diciendo: “Voy con la firme intención de caldear Buenos Aires... y armar un buen escándalo!!!”. Y sí que lo había conseguido!!!



Tras ésta, se producía un silencio que se rompió cuando comienzó a sonar el piano la s primeras notas de “Sí”. Después seguiría “El rescate”, “Apuesta por el rock ‘n’ roll” y “Lady Blue” con protagonismo al inicio para los guitarrazos de Álvaro Suite. Al final, Bunbury conversaba con el público diciendo "Argentinos y argentinas, ¡es un verdadero placer estar aquí con ustedes!"



Ya eran las 23.35 horas, cuando volvieron a apagarse todas las luces. Bunbury reaparecía en escena con una copa de vino, alzándola hacia el público para comenzar con “El viento a favor” seguida de “200 huesos y un collar de calaveras” e “Y al final”, con la que comienza a sentirse la conclusión del show. Aunque el público a coro exigía más gritando: "¡¡¡No se va, Enrique no se va, Enrique no se va, Enrique no se va!!!", así que Bunbury volvería a aparecer en escena diciendo: "Mientras ustedes quieran, aquí estamos".



Luego de presentar a su banda el siguiente tema en sonar fue “No me llames cariño” seguido de “El jinete” con un apoteósico final donde Alvaro Suite tomaba su guitarra para pasar las cuerdas por el pie del micro y así produciendo una distorsión.

Cada uno seguía en su papel y Bunbury, comenzaba a caminar como si lo hiciera sobre una cuerda floja manteniendo el equilibrio para llegae al borde del escenario y llevase su cuerpo hacia abajo, levantándose luego para interpretar “Canto (el mismo dolor)”.



Rebasadas las 00 horas, los músicos saludaban y Bunbury exclamaba al público: "Una más y no jodemos más!!!"



Y así vuelve a realizar una preciosa versión de "El tiempo de las cerezas", tema que dio título al album que realizó junto a Nacho Vegas. Posteriormente conversaría con el público haciendo referencia al clima de Buenos Aires y a la organización del Luna Park, para ver quién dependía del bar y comentar "Me gustaría que sirvieran tequila para mis amigos. ¡¡¡Cárguenlo a mi cuenta, que no soy de fiar de todas formas!!!"



Y así, con ese buen clima terminaba el show, con la última canción: “La chispa adecuada”. Fueron dos horas y veinte minutos de show donde casi 10000 personas gritaron, cantaron, bailaron, saltaron y aplaudieron a un grande... A Enrique Bunbury, siempre tan querido para Buenos Aires.



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